Maternidad y sentido común

La segunda quincena de abril surgió la noticia en los periódicos y diferentes medios de comunicación que una mujer berlinesa llamada Annegret Raunicgk de 65 años, se encontraba embarazada de quatrigèmins, en su 21 semana de gestación y pese al elevado riesgo que ello conlleva por sí misma y por los niños seguía adelante con el proceso confiando en su buena forma y estado físico. Esta madre y abuela berlinesa de 13 hijos y 7 niños ya batió récords cuando a los 56 años fue madre de una niña que tiene actualmente 9 años. Parece que este embarazo habría sido espontáneo y que en el caso que actualmente es noticia, la mujer se habría sometido a tratamientos de reproducción asistida en algún estado fuera de Alemania y habría recurrido a la donación de los gametos, tanto de óvulos como de ‘espermatozoides.

La noticia de que es extraordinaria e impactante a la vez no deja indiferente ni a la sociedad ni a los profesionales que nos dedicamos al mundo de la reproducción, ya que a pesar cada vez son más las pacientes de edad avanzada que acuden a los centros con deseo de concebir , la edad de Annegret Raunigk, supera cualquier límite razonable. El argumento con el que se defiende es también bastante inconsistente “… mi hija pequeña quería un hermanito o una hermanita y yo le he querido dar”. Pero en lugar de uno, algo que ya hubiera sido como mínimo poco sensata, hay llegan cuatro.

La Ley de Reproducción Humana Asistida de España contempla una edad mínima para la aplicación de las técnicas de reproducción asistida, y dice en el artículo 2 del capítulo 6

Toda mujer mayor de 18 años y con plena Capacidad de obrar podrá ser receptora o usuaria de las técnicas …

Y aunque no especifica una edad máxima, sí prevé en su capítulo 1 apartado 1

Las técnicas de Reproducción asistida se realiza solamente Cuando Haya POSIBILIDADES razonables de éxito, no supongan Merkel grave para la salud, física o psíquica, de la mujer o la posible descendencia …

Desde un punto de vista médico los embarazos a edades avanzadas conllevan muchas complicaciones asociadas, tanto para la madre que ha sobrepasado la etapa ideal para procrear (de los 20 a los 35 años) con la aparición de hipertensión, diabetes gestacional, riesgo más alto de abortos, como por el propio feto con más posibilidades de malformaciones congénitas y alteraciones cromosómicas.

Desde un punto de vista psicosocial, hay que valorar las repercusiones que puede tener la maternidad en una edad avanzada, tanto para la propia madre como para los futuros hijos / as.

A esta edad cronológica, una persona se encuentra en el período evolutivo de la vejez o de la tercera edad, el cual se constituye como una etapa de la vida en la que la persona recoge los frutos de las experiencias vividas a lo largo de su desarrollo vital , pero también es una etapa caracterizada por la aparición de cambios en varios niveles y los que las personas tendrán que ir a adaptando: Hablamos de cambios físicos, sensoriales, anatómicos y funcionales (aparición de arrugas, canície, calvicie, pérdida de sensibilidad, pérdida de movilidad, mayor lentitud, menos energía vital …) cambios psicológicos (la asunción de una mentalidad más conservadora, menos flexible y con más rigidez cognitiva) y también por la aparición de cambios sociales (jubilación , viudedad y duelos constantes, cambios en el entorno).

Por otra parte, el período evolutivo de la Infancia se constituye como la primera etapa de la vida en la que los niños / as son seres especialmente vulnerables y están necesitados de una atención especial. Hay que velar por todas sus necesidades básicas y de seguridad y afectividad, para promover su autonomía y adecuado crecimiento.

Teniendo en cuenta los diferentes períodos evolutivos y las necesidades específicas de cada etapa, ser madre a los 65 años supondrá una gran diferencia generacional con los propios hijos / as.

En este contexto, también habrá un gran distanciamiento generacional entre los propios padres y los padres de sus compañeros y amigos, lo que también puede condicionar su participación y desarrollo social. Este alejamiento se mantendrá a todos los niveles a lo largo del proceso evolutivo del niño, hasta el periodo clave de la adolescencia, momento en el que deberá asumir la pérdida o la invalidez de la madre.

Aunque la medicina lo permita y que la legislación lo tolere, quizás debería prevalecer el sentido común.

Sonia Gili, Equipo FIV-Lleida
Marta Florensa, Equipo Alex Palacio

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